08/11/2016 SANTIAGO DE CHILE - RENCUENTRO CON UN BUEN AMIGO
Parece que nos hemos abonado a levantarnos a las 08h. Nos espera una mañana de más gestiones, toca ir a otra aseguradora, HDI (hasta hace poco Maghallanes). Iván, el propietario del Hostel, al enterarse que no pudimos contratar por Mapfre nos informó que sabía de otros huéspedes que habían podido hacer el seguro que nos interesaba a nosotros en esa compañía y nos facilitó todos los datos necesarios para poder encontrarla. Así que después de desayunar y de hablar un poco con los huéspedes que estaban despiertos a esas horas, emprendimos el camino a una nueva aventura. Tomamos metro e hicimos transbordo a un autobús donde gracias a una rápida reacción salve de romperme toda la mano izquierda. Imaginaba que las puertas abrían hacia el exterior y me agarré a un barrote negro que no sabía que era parte del mecanismo de apertura y cierre de la puerta. No hubiese pasado nada de no ser porque la puerta se abría hacia adentro y no se frenaba a pesar de encontrar cualquier tipo de obstáculo. Y eso fue lo que encontró, mi mano. Otro hierro presionó la zona de los nudillos contra la barra negra donde estaba agarrado, pero gracias a un rápido movimiento pude sacar la mano y todo quedó en un moretón a la altura de los nudillos y la zona un poco dolorida.
En poco rato llegamos a la aseguradora HDI. Nos atendió muy amablemente una chica pero nos informó que el seguro que queríamos contratar no se podía hacer a menos que fuese un vehículo con patente (matrícula) chilena. Vamos, lo mismo que nos dijeron en Mapfre. No obstante, la chica nos tomó los datos y se comprometió a preguntar a un superior y en unos días darnos una respuesta. Se lo agradecimos mucho y seguimos nuestra ruta.
De camino a la aseguradora vimos que muy cerca había un servicio oficial BMW. Pensamos que quizá allí podrían informarnos mejor sobre como poder contratar un seguro y decidimos acercarnos. En 10 minutos a un paso tranquilo llegamos, preguntamos a una mujer que estaba en recepción y nos comentó que ellos no eran servicio oficial de motos BMW y nos explicó como llegar a los que se encargaban de ello.
Abandonamos la tienda y volvimos a tomar un autobús para posteriormente caminar 15 minutos más y aparecer, ahora sí, en el servicio oficial. Se trataba de un edificio grande, nuevo, con paredes acristaladas, lleno de motos y prototipos de coches. Entramos y nos atendió con una exquisitez sublime un señor. Le preguntamos sobre nuestro problema. Nos dijo que desconocía el tema pero que sí podía hacer algo por nosotros. Casualmente tenía un amigo y cliente suyo, ni más ni menos que el gerente jefe de Mapfre. Se ofreció a llamarle y así lo hizo, marcó el contacto en su teléfono móvil y puso el altavoz. Oímos toda la conversación. Más claro imposible, ellos no aseguraban motos, estaban mirando de lanzar ese producto para el año que viene. Una vez acabada la llamada le agradecimos muchísimo la gestión y él nos felicitó por el viaje que íbamos a hacer.
De nuevo volvimos al Hostel. Decidimos hacer para comer algo ligero y limpiarnos un poco de toda la ingesta de los últimos días. Hoy Romà se levantó con un poco de malestar y quisimos hacer bondad.
La tarde fue de relax. Romà se bañó en la piscina después de una siesta reparadora y yo me dediqué a escribir y a actualizar las fotos y videos que teníamos hasta el momento.
Entre unas cosas y otras escribí a Saúl, el amigo del que ya os hablé que conocí en Egipto. Habíamos intentado vernos estos días pero había sido imposible. Dijimos de quedar a las 21h y se ofreció a pasar a buscarnos por el Hostel. Se presentó puntual y venía acompañado con su hijo de 18 años, un chico alto y fuerte. Nos dimos un fuerte abrazo que duró algunos segundos. Es curioso, pero hay gente que aunque pasen los años y el contacto haya sido escaso hay algo especial que siempre perdura y los une. Y eso es algo que me sucede con Saúl. Es una persona excepcional!
Nos llevó a cenar a un restaurante peruano, compartimos platos y postres típicos, charlamos y recordamos nuestro viaje a Egipto, me explicó cosas que yo había olvidado completamente como que lo había llevado a comer caracoles por Barcelona. Reímos y disfrutamos del reencuentro.
Al salir del restaurante nos hizo un pequeño tour por la ciudad y nos llevó a una zona no muy visitada por los turistas. Se trata de un barrio en el que los laterales de los edificios están pintados con grandes murales. Hay unos 36 y pintores de todo el mundo han venido para poner su granito de arena.
Después de la visita nos devuelvió al Hostel. No me quedan más que palabras de agradecimiento por su tiempo, dedicación y por hacerlo todo con tanto cariño.
Lamentablemente no pude sacar una foto con él, me despisté (que raro en mí) y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
A la entrada al Hostel me topo con la imagen de siempre; algunos huéspedes, Iván y un par de trabajadores estaban de tertulia a los pies de la piscina, con su entorno adornado de botellas de vino a medio beber dispuestas sobre la mesa. Lo cierto es que se respira un muy buen ambiente. Nos quedamos un rato y poco después nos acostamos. El día siguiente va a ser duro...
No hay comentarios:
Publicar un comentario