martes, 7 de marzo de 2017

06/03/2017 ALAUSÍ - AMBATO ( 155,7 km.)
EN CASA DE UN DESCONOCIDO

Nuestro siguiente destino no está elegido al azar; sino porque Romà se va a encontrar con un amigo que lleva viajando 3 años por el mundo en bicicleta, se trata de Dani Ku (si queréis más información de su viaje podéis mirar su blog "vivirenbicicleta.com". Dani le comentó que lleva algún tiempo alojado en casa de Lenin, el cual acoge a cicloturistas en su casa y no tendría problema en poder prestarnos un trozo de su terreno para que pudiésemos plantar la carpa.
Después de desayunar, Romà uno continental (2,5$) y yo unas pastas que he comprado en una panadería (1,5$) partimos en ruta.
El tiempo estaba inestable, en algún momento la lluvia hizo acto de presencia en forma de llovizna pero aunque nos temíamos lo peor, el tiempo finalmente nos respetó. Una ruta corta pero con una panorámica preciosa, lástima que las nubes entorpecían esa exquisita visión.
Con la ruta marcada y siguiendo las indicaciones del gps de mi teléfono llegamos al destino aunque sin saber muy bien cual es la casa donde nos está esperando. Cuando creemos encontrarla aparece Dani tras la puerta de acceso. Nos abre y accedemos con la moto. Romà le da un fuerte abrazo y a mi me saluda estrechándome la mano de una manera muy amigable. 
Con Dani Ku
La casa se ve perfecta, tiene un gran terreno cubierto por un bello manto de césped donde ya hay una carpa de una pareja de cicloviajeros, él Argentino y ella de Bélgica. En la casa también se encuentra Héctor, un chico de Asturias con el que Dani comparte viaje desde hace un par de meses. Ellos dos duermen en habitaciones dentro de la casa.
Una vez acomodamos todo, montamos velozmente la carpa y sin perder tiempo salimos a comer cargados con toda nuestra ropa sucia ya que nos han dicho que hay una lavandería de autoservicio por la zona. 
Tras 10 minutos caminando encontramos un restaurante donde sirven pollo asado a buen precio. Compramos uno entero que va acompañado de arroz, patatas fritas, ensalada y sopa y pedimos una coca cola de litro (10$). Como el plato es contundente no nos lo podemos acabar y solicitamos que nos pongan para llevar lo que nos ha sobrado, así ya tendremos cena!
Al salir y después de darle los despojos a un par de perrillos que están en la calle, nos vamos hacia la lavandería. Por 2$ hacemos una colada y como va a durar casi media hora salimos a buscar un peluquero porque Romà ya lleva días queriendo cortarse el pelo y no he podido arreglárselo porque la máquina que compramos en Chile ha dejado de funcionar. Justo al lado encontramos uno que por 2$ cumplirá su cometido. 
Volvemos a la lavandería y el lavado ya ha terminado. La ropa sale mojada por lo que tendremos que ponerla en la secadora, 1$ por 20 minutos. 
Para hacer tiempo nos compramos un helado "magnum" en una heladería que está en la portería adyacente, cuestan algo menos que en España, 1,25$.
Ya de vuelta en la lavandería, en cuanto termina el tiempo de secado, plegamos toda la ropa y nos volvemos para la casa. Al llegar nos recibe la mujer de Lenin, también están sus dos hijos y una amiga de la familia, Anita, a parte de los 4 cicloturistas. 
Durante la tarde nos juntamos todos alrededor de la mesa y nos invitan a merendar un rico pastel de chocolate. Pasamos las horas hablando de nuestras experiencias en los viajes. 
Pasadas las 19h salimos los viajeros a comprar algo para la cena. El chico Argentino se ha comprometido a cocinar lasaña, no obstante nosotros ya tenemos lo que nos ha sobrado de la comida. De todas formas aprovechamos el viaje para comprar unas cervezas y un poco de plátano frito como avanzadilla a la cena.
Con la lasaña ya preparada nos sentamos todos alrededor de la mesa. Lenin ya ha llegado y no falta nadie. Son casi las 22h y el hambre aprieta. Mientras comemos seguimos compartiendo vivencias.
Toda la troupe junta
Antes de las 00h nos retiramos a dormir, cada uno en su sitio y Dios en el de todos...

Mapa de ruta:


lunes, 6 de marzo de 2017

05/03/2017 PASAJE - CUENCA - ALAUSÍ (326 km.)
DIA HORRIBILIS

Son las 08h, parece que el cansancio me ha regalado dormir 8 horas de manera seguida. Salimos a buscar un lugar donde desayunar, estamos por descubrir que se desayuna normalmente en Ecuador. En la misma plaza central encontramos varias pastelerías. En una de ellas me compro un pan de leche y otro con sabor a chocolate, Romà no quiere nada, prefiere seguir buscando un sitio donde poder sentarnos y tomar algo más consistente. El precio es bastante económico, poco más de medio dólar. En la misma plaza otra pastelería llama la atención de Romà. Hay bocadillos, bebidas y tienen varias mesas donde poder sentarnos a desayunar. Ahí nos quedamos. Un cartel que anuncia "bocadillo de pollo + vaso de coca cola por 1 dólar" será el reclamo ideal. Yo me pido uno y Romà dobla mi solicitud. 
Al terminar nos volvemos al Hotel, pero antes paramos en una ferretería donde compramos un bote de grasa para la moto que nos cuesta cerca de 8 dólares. 
Con todo dispuesto para salir emprendemos nuestra etapa de hoy. Tenemos por delante 150km para llegar a Cuenca, una ciudad que he leído que vale la pena visitar por su centro histórico donde se respira un envolvente ambiente colonial. 
Apenas comenzamos la etapa nos encontramos con la primera sorpresa. Llegamos a una gran rotonda de forma rectangular. Las indicaciones no están nada claras y aparentemente debemos ir rectos, pero en cuanto entramos en el carril nos damos cuenta que eso es dirección prohibida, por lo que Romà para la moto y retrocede poco a poco para tomar bien la rotonda. Lo peor es que nos hemos dado cuenta que en el otro lado y justo por donde debemos continuar hay un policía que se encuentra haciendo un control. Romà me pregunta acerca de que debemos hacer ya que estamos convencidos que el policía nos ha visto. Sabemos que si nos para posiblemente nos hará una “mordida” a lo que debemos sumarle que no hemos expedido seguro para la moto ya que en la aduana no había ningún sitio que te lo tramitasen. Está claro que debemos seguir nuestro recorrido, con un poco de suerte no nos parará. Y efectivamente, hacía falta MUCHA suerte, porque en cuanto llegamos a su altura nos levanta la mano ordenando el alto. Nos explica que hemos tomado la rotonda mal y nosotros le explicamos que ha sido por un descuido, que en cuanto nos hemos dado cuenta hemos retrocedido, que somos turistas y que no conocemos esa zona, etc. Sinceramente le hemos dicho la verdad en todo y él se ha limitado a decirnos “pues tienen que fijarse más ya que han tomado mal la dirección”, mientras rellena una boleta de denuncia. Finalmente usamos nuestra última baza, a lo que pese desconfiar en un primer momento termina por dejarnos pasar. Nuevamente nos hemos salvado!!
Tras haber dejado el susto en el control, disfrutamos del paisaje que nos acompaña durante los primeros kilómetros que recorremos ya que es impresionantemente bello. Un ambiente tropical con palmeras cargadas de plátanos escudan nuestro paso por la carretera. Los puestecitos al pié de la vía se cuentan a decenas los cuales exponen las pencas de las diferentes variedades de plátanos y bananas que se cultivan en esta región y es que Ecuador es el país que más banano exporta en el mundo.
Pero repentinamente ese paisaje lleno de montañas verdes con extensas plantaciones de palmeras y ríos cargados de agua se torna en un terreno seco y árido mostrando apenas una pequeña capa de vegetación.
De la misma forma la temperatura cambia y del frescor que sentíamos en la zona húmeda y vegetativa pasamos a tener mucho calor en la zona árida por lo que decidimos parar en un tenderete donde venden jugo de caña de azúcar. Tomamos 2 vasos grandes por tan solo 1 dólar. La bebida está riquísima y fresca con un ligero toque a limón.
Reemprendemos la marcha y el escenario vuelve a cambiar para volver a transformarse en los terrenos tropicales que habíamos visto al principio de la ruta.
Casi a la hora de comer llegamos a Cuenca y accedemos a su plaza de Armas, el lugar más céntrico de la ciudad. Aparcamos la moto en la calle sin miedo a que pueda pasar nada ya que hay bastante policía distribuida por la zona. Se nota que es una ciudad turística ya que hay muchos de ellos paseando por sus calles. Una gran iglesia preside la plaza, con un pórtico precioso y unas cúpulas de colores azul y blanco que se hacen visibles desde varios kilómetros antes de llegar a sus pies. 

Después de caminar un poco por sus alrededores decidimos marcharnos a buscar un restaurante donde almorzar que no esté tan céntrico, de esa forma seguro que los precios serán más económicos. De esta forma encontramos un restaurante donde sirven marisco. Su mejor carta de presentación es ver que está lleno de gente a señal! Yo me pido el plato emblema de Ecuador, un encebollado "especial". En términos simples el encebollado es un cocido o caldo de pescado que contiene yuca y cebolla colorada encurtida. El jugo (caldo) del encebollado es elaborado con yuca licuada, condimentos como el ají en polvo y otras especies. Al ser el especial le añaden concha (son como unas almejas), camarones (gambas) y caballa.
Romá se pide algo más sencillo, arroz con camarones. De beber tomamos un par de vasos de jugo de tamarindo que está realmente delicioso. Por la comida pagamos unos 14 dólares, un buen precio ya que el tamaño de los platos es realmente extraordinario, incluso tenemos que pedir que nos pongan para llevar el arroz que Romà no se ha podido terminar.
Son las 15:30h y vamos a por la segunda parte de nuestra etapa, ahora iremos desde Cuenca hasta Huigra en busca de un camping que está en medio de la montaña y que tiene una piscina con unas vistas impresionantes. Nos esperan 143km por de carretera revirada. Pero que sucede, que en poco rato el frío intenso se empieza a sentir, incluso tenemos que parar para ponernos algo más de ropa de abrigo. Pero eso no es todo, un poco más adelante empieza a llover. Una nueva parada para equiparnos para hacer frente a la lluvia nos hace recapacitar y cambiar de planes, no iremos a ese camping sino que nos acercaremos a la localidad de Alausí donde buscaremos un alojamiento donde resguardarnos del frío. 
Todo podría haber sido más sencillo, pero parece que los fenómenos meteorológicos no nos lo quieren poner fácil, una densa niebla acompaña a la lluvia y al frío durante nuestros últimos 100km. Apenas se ve a 2 metros delante de nuestros ojos y debemos llevar la visera subida para poder vislumbrar por donde circulamos, pese a que las gotas de lluvia nos caen en los ojos. Pocos y cortos tramos nos dan un respiro para poder tomar aire y entrar de nuevo en nuestra lucha particular contra la climatología.
Pese a que la contienda ha sido muy dura, hemos vencido de nuevo la batalla y por fin llegamos a Alausí, bastante cansados, todo hay que decirlo. Buscamos alojamiento y en el segundo que preguntamos una gran oferta hace que aceptemos con los ojos cerrados: 15 dólares los 2 en una habitación con baño compartido y con aparcamiento incluido.
Sin fuerzas ni para ducharnos salimos a cenar algo a la calle. Encontramos un puesto pequeñito donde hacen pinchos de carne al módico precio de 1,25$. Yo me como 3 y Romà 2. Justo al lado hay una pastelería. Compramos un panecillo por 15cts., un merengue por 40cts. y una especie de donut de chocolate por 50cts. Tenemos claro que mañana iremos allí a comprarnos el desayuno.
Nos comemos todo en la habitación y por fin entramos a disposición de descansar.
Romà tiene su ya habitual momento "Juego de Tronos" y yo me pongo a escribir aunque sin nada de ganas debido al cansancio.
Y por fin nos vamos a dormir, siento que mi cuerpo me lo agradecerá...

Mapa de ruta:

Mapa 1                          Mapa 2





domingo, 5 de marzo de 2017

04/03/2017 MANCORA - PASAJE (200 km.)
DIA M, DIA DE MIERDA... Y PASAMOS A ECUADOR

Poco antes de las 08h ya estamos en pié. Empezamos a adquirir una nueva rutina que bautizo como “RUTINA MATUTINA". Después de tomar el pertinente “hostelyuno” emprendemos la ruta de hoy con el objetivo de abandonar Perú y entrar en un nuevo país, Ecuador. 
La ruta transcurre tranquila, el océano nos acompaña a nuestra izquierda y el sol brilla sobre nuestra estela... nada hace presagiar que hoy se convertirá en uno de los días más complicados de nuestro viaje. Y es que cuando Romà habla acerca de su moto y sus necesidades hay que escucharle. Llevaba días comentando que la cadena necesitaba ser cambiada y aunque yo confío en su palabra no pensaba que ese cambio iba a ser inminente. 
Entrando en la ciudad de Tumbes pero en una ocasión la cadena salta a causa de un bache. Aunque Romà ya hace tiempo que comenta que deberíamos cambiarla al final decidimos dejarla hasta que "diga basta". 
Son poco más de las 12h y entramos al pueblo de Tumbes por la Panamericana Norte. Pese a que la carretera parece estar en buenas condiciones un gran bache nos sorprende de repente haciendo que la moto no responda a los golpes de gas que Romà le da! Parece que sus presagios se han cumplido. Algo le ha pasado a la cadena y tenemos la “suerte”, por llamarlo de alguna manera, de que nos haya pasado dentro de una población. Tomamos un pequeño quebrante a nuestra derecha y allí paramos la moto. 
Aquí paramos la moto, bajo los árboles
Rápidamente un grupo de personas se empiezan a agolpar a nuestro alrededor. Parece que nos quieren ayudar pero evidentemente no sabemos donde estamos y todo cuidado que podamos tener parece poco. Empezamos a sacar las herramientas y la nueva cadena de la “gorda”. Hemos montado un tenderete en la calle y la sensación de que algo nos va a “volar” se hace palpable. Un chico grueso, conductor de “tuc-tuc” (el equivalente a un taxi) se ofrece a ayudarnos, al igual que un señor, que pese verse claro que no saben nada de mecánica ponen todo su empeño en echarnos una mano. Romà comprueba que la cadena se ha doblado de uno de los eslabones y necesitaremos una cizalla para poder cortar esa pieza. De repente el joven taxista nos comenta que él conoce a alguien que tiene una y que nos puede llevar a buscarla. Evidentemente no vamos a abandonar a “la polola” en el arcén ya que posiblemente a nuestra vuelta ya no habría ni moto ni nada, así que decidimos correr el riesgo de ser yo quien me vaya con el joven y Romà el que se quede junto a nuestra “burra”. Y así lo hacemos. Me monto en el tuneado “tuc-tuc” y emprendemos nuestra primera excursión sin saber cual será mi destino final. A poco más de un kilómetro circulando hacia el norte por la Panamericana tomamos un desvío hacia la izquierda y entramos en un camino de tierra que nos lleva directos a una especie de desguace. Allí el joven me pide que no me baje del vehículo mientras él parece tantear al grupo de hombres que hay allí reunidos. Cuando vuelve lo hace acompañado de un hombre que apenas tiene dientes. Me comenta que hemos de ir a casa del señor ya que allí tiene una cizalla y parece ser que me la va a alquilar por 10 soles. El tema no está para regateos así que acepto el trato. Volvemos a circular por las calles de Tumbes y entramos en una calle sin salida donde apenas hay casas. Me espero lo peor, allí puede pasarme cualquier cosa, pero para mi sorpresa el hombre entra en su casa y sale con la cizalla prometida. 
Volvemos sin contratiempos y Romà me espera con apariencia de agobio. Me comenta que mientras yo no estaba se ha parado en el lugar una moto con una policía que le ha avisado de que fuésemos con mucho cuidado ya que esa zona no era muy segura. “Qué buenas noticias!!!”. Romà le ha pedido el favor de que nos enviase a una patrulla mientras durasen las tareas a lo que le ha contestado que activaría una, a la vez que se marchaba del lugar. Tanto él como yo sabemos que no va a venir nadie, pero por probar no se pierde nada. 
Desmontadas algunas piezas para facilitar la tarea logramos cortar la cadena antigua, retirándola y dejando su espacio para la colocación de la nueva. Todo parece ir viento en popa: colocamos la nueva cadena, cortamos los eslabones sobrantes para que quede a medida, pero a la hora de cerrarla surge un nuevo problema. No es una cadena que lleve un cierre sencillo y con los alicates que tenemos la presión que aplicamos al pasador de cierre no es suficiente. Lo intentamos de todas las maneras posibles pero no vemos solución. El señor que ha estado desde un principio con nosotros y que se le ve de buena fe trata de cerrarla golpeando la pieza apoyando un destornillador en ella y golpeándolo con una piedra a modo de martillo. Cuando hay ausencia de material se agudiza el ingenio, pero ni con esas logramos que quede cerrada. Pocas opciones nos quedan más que buscar un taller o un mecánico. El joven conductor nos comenta que hay una zona de la ciudad donde hay varios concesionarios y que puede que encontremos allí una cadena con un cierre más sencillo. Sabemos que esa posibilidad es remota, pero habrá que intentarlo. Así que de nuevo me monto en el “tuc-tuc” separándome de Romà una vez más. 
Emprendemos un viaje largo en sentido opuesto al anterior y tomamos una calle a la izquierda muy empinada. Entramos en una zona donde empiezan a aparecer las tiendas de mecánica, pero ninguna nos puede ofrecer solución alguna. Volveremos de nuevo al punto de inicio, pero antes el joven me comenta que hay una bebida muy rica de la zona y que podríamos ir para que yo la probase. Así lo hacemos; una bebida dulce y fresca que cuesta poco más de 1 sol a la que le invito por las molestias. 
De vuelta Romà no ha podido avanzar pese a que veo que sigue en el intento. Resignados nos decantamos por que nos busquen un mecánico. Lo cierto es que no parece que vaya a haber grandes profesionales en la zona y efectivamente la persona que va a venir poca pinta tiene de ello. El joven conductor lo ha ido a buscar y se presenta con un hombre bajito que apenas porta consigo una pequeña caja de herramientas. Sin apenas hablar con nosotros saca un alicate de la cajita y empieza a apretar la pieza sin obtener el resultado esperado. Después de mucho rato probando (haciendo fuerza solo, recibiendo ayuda nuestra aplicando una doble fuerza con otro alicate, volviendo a probar a martillear la pieza) decide tomar una vía más directa, y se deshace de una de las piezas de goma que debe servir como cojinete para evitar que la cadena roce metal con metal y el desgaste haga que exista una mayor holgura entre las piezas con el peligro de que la cadena vuelva a petar prematuramente. 
De nuevo vuelve a apretar con todas sus fuerzas las piezas y esta vez se escucha un “clic”, señal que la cadena ha quedado definitivamente cerrada. Pese a saber que no está colocada en óptimas condiciones la sensación de alivio se nota en nuestros rostros. Ahora pone el último enganche que hace la función de seguro y “voilà” la obra de arte parece conclusa.
Recogemos todas las herramientas y armamos de nuevo “la gorda” y con la moto preparada para continuar nuestro camino llega el momento de pasar cuentas. Era evidente que la ayuda no iba a ser gratuita y el joven del tuc-tuc nos pide un precio muy elevado por los favores realizados. Regateamos con él y zanjamos el pago en unos 40 soles, pese a que, por el aspecto de su cara, no parece muy conforme con el acuerdo. Nosotros sabemos que estamos pagando más de lo que toca, pero decidimos no regatear más ya que sabemos que no estamos en el mejor escenario para discutir el precio justo. Lo que todo eran sonrisas y una aparente “buena fe” se ha convertido en una despedida amarga con malas caras por parte del joven.
También nos toca regatear con el mecánico, pese a que no ha hecho prácticamente nada acordamos entregarle unos 20 soles, un precio muy por debajo de lo que nos pedía inicialmente y que ha tocado discutir, recibiendo, como no, alguna mirada de desacuerdo.
Por otra parte está el señor que desinteresadamente se ha preocupado en ayudarnos y de la misma manera se ha despedido de nosotros, sin pedirnos nada a cambio y despotricando del joven del tuc-tuc por su actitud.
Ya subidos a la moto un grupo de niños que estaban allí cerca se aproximan a nosotros y habiendo sido testigos de todo lo acontecido uno de ellos nos dice: “os han timado, os han cobrado mucho”. Y es que un niño nunca miente. Nosotros a sabiendas que nuestras palabras se las llevará el viento les instamos a que no sigan sus pasos y que cuando uno ayuda al prójimo debe ser desinteresadamente. Ellos asienten moviendo la cabeza…
Son las 16h pasadas y de nuevo sobre la moto y tras haber declinado una oferta por parte del joven conductor para comer en un bar de su familia seguimos nuestro recorrido con la esperanza de encontrar un sitio donde nos sirvan algo que poder echarnos al estómago. Son las 15h h y aún nos queda bastante recorrido por delante para llegar a nuestro destino. 
Poco más adelante un restaurante a pié de carretera llama nuestra atención. Pese a habérnoslo pasado damos la vuelta con la moto y paramos en “El Fogón de Lili”. Miramos cuando dinero nos queda. Solo 20 soles es lo que llegamos a reunir al no contar con los imprevistos con los que nos hemos encontrado en el día de hoy, así que nos dirigimos a las cocineras para tratar de negociar el precio del menú y nos ofrecen un plato completo por 10 soles cada uno, y como no nos llega el dinero para más nos regalarán la bebida (chicha morada). Aceptamos con mucho agradecimiento su oferta y nos sentamos en una de las mesas libres. El “local”, por llamarlo de alguna manera” se compone de una cocina al aire libre y justo a su lado las mesas de los comensales, todo dispuesto en un llano de tierra y con un cobertizo hecho de metal. 

Para sorpresa nuestra hoy parece un día especial, ya que para amenizar la comida hoy tendremos música en directo. En medio de las mesas, un señor aguarda de pié, con micrófono en mano, el cual se encuentra conectado a un altavoz y un pequeño radiocasete que dispondrá la música. Está claro, hoy es un sábado de verano y las familias salen a comer a los restaurantes. Hay que hacer todo lo posible por atraer a la clientela.
Comemos con las rancheras y boleros de fondo de un “cantante” que no lo hace mal del todo, ¿qué más podemos pedir?
Tras pagar y habernos echado unas risas con las cocineras retomamos nuestra senda. Próximo destino, la aduana de Perú - Ecuador.
Circulamos poco más de media hora hasta llegar a la aduana. Nos equivocamos en un primer momento de edificios ya que nos hemos pasado y hemos aparecido en la aduana en territorio de Ecuador, por lo que debemos retroceder un par de kilómetros para ir a la aduana en territorio Perú. Un gran recinto con varios edificios marcados con diferentes letras espera nuestra visita. Preguntamos a un trabajador que nos indica la cola en la que nos debemos posicionar. Hay mucha gente, varios autocares han llegado antes que nosotros. Tras una gran espera logramos hacer los trámites de salida del país, incluido el del vehículo. 
Ahora deberemos dirigirnos a los edificios que habíamos visitado en primera instancia. 
Al llegar un señor se pone a hablar con nosotros. Después de explicarle acerca de nuestro viaje nos empieza a decir que ese es su gran sueño y que siente admiración por nosotros. De hecho nos ofrece su casa por si queremos pasar allí alguna noche facilitándonos su teléfono. Nos despedimos de él con un apretón de manos y con el deseo de su parte de que nuestro viaje sea maravilloso.
Nos enrolamos de nuevo con los trámites de aduanas. Una gran cola nos precede para poder tramitar nuestro visado. 
Estamos cansados, está siendo un día muy largo y las horas empiezan a pesar…
Por fin y después de más de una hora conseguimos nuestro objetivo. 
Está anocheciendo y sin destino fijo continuamos con el recorrido.
Pasamos por poblaciones como Arenillas y Santa Rosa, pero no será hasta Pasaje que decidimos parar. A la entrada preguntamos a algunos transeúntes, hasta que un hombre que va en moto se ofrece a ayudarnos. Le seguimos con la moto y nos deja en el “Hotel San Martín”, el cual dispone de aparcamiento privado y su localización es muy próximo a a la Plaza de Armas. 
Nos despedimos del señor que nos ha ayudado agradeciéndole su ayuda desinteresada y aparcamos la moto en el parking privado. Logramos una habitación doble por 25$ (el dólar es la moneda oficial de Ecuador) y nos subimos a la habitación.
Tras darnos una agradable ducha y lavar alguna que otra prenda de ropa salimos con la intención de llevarnos algo a la boca. 
Caminamos hasta la plaza de armas y en una esquina encontramos la cevichería “Piratas del Caribe”. No nos lo pensamos demasiado, posiblemente a causa del cansancio y entramos a cenar. Tomamos un ceviche cocinado con calamar y concha y un ceviche peruano y de beber un total de 5 coca-colas por lo que terminamos pagando 12$. Pero lo mejor estaba por llegar, justo al lado hay una heladería de yogurt, así que caemos en la tentación y nos comemos uno cada uno por los que pagamos 2$. 
Al salir la Plaza de Armas nos tienta para dar un breve y agradable paseo que nos llevará definitivamente a nuestros aposentos.
El día ha sido largo y lo hemos finalizado como mejor hemos podido. El descanso está más que merecido…

Mapa de ruta:

Mapa 1   Mapa 2

sábado, 4 de marzo de 2017

03/03/2017 CHICLAYO - MANCORA (402,3 km.)
DE PLAYA A PLAYA

A las 07h veo a Romà despierto, yo decido quedarme una horita más en la cama. Preparamos todo y nos traen el desayuno a la habitación, algo de postín pero no deja de ser un "hostelyuno". Justo antes de salir Romà revisa su teléfono y ve que le han escrito de la empresa del envío de la moto. Resulta que el documento que envió tiene algún tachón y así no lo pueden aceptar, así que por su tranquilidad nos entretenemos en volver a rellenar el documento y enviárselo nuevamente. 
Salimos a las 10h, por delante tenemos 400 kilómetros hasta Máncora. El desierto ha desaparecido y el agua del mar no se deja ver durante casi todo el recorrido. Aún con esas hace mucho calor y la sudada está asegurada. 
No tenemos mucha gasolina y no hemos recargado al abandonar Chiclayo sin darnos cuenta que hasta algo más de 100 kilómetros no encontraremos el siguiente surtidor. La moto se ha quedado sin gasolina y paramos para poner la gasolina que tenemos en el bidón. Esos 4 litros nos darán para unos 80 kilómetros, así que algo hay que hacer. Paramos en una tiendecita que encontramos en la carretera y tras preguntarle a cuanta distancia está la siguiente gasolinera la mujer nos informa que ellos nos pueden dispensar algunos litros, el precio del galón (3,785 litros) de la gasolina de 90 octanos lo venden a 18 soles (normalmente cuesta 11) pero nos dice que no le queda y que nos debe vender la de 84 octanos a 17 soles, otra barbaridad. Intentamos negociar el precio pero la mujer nos dice que nonos puede rebajar nada ya que ella no es la dueña del negocio. Como sabemos que no vamos a llegar al siguiente surtidor decidimos poner un galón. La mujer sale con una botella de 3 litros de detergente llena de gasolina. Nosotros que no conocemos muy bien a que equivale un galón decidimos no decir nada, aunque nos parece que nos están timando.
Comemos un tentempié y bebemos un refresco para reponer los líquidos que hemos perdido durante el camino y reemprendemos la marcha. Durante el recorrido vemos varios puestos donde venden gasolina, parece que es habitual que en esa zona la gente se quede tirada debido a las pocas gasolineras que hay en la zona.
Por fin llegamos a Piura donde recargamos de gasolina tanto la moto como el bidón.
Seguimos haciendo kilómetros y como se nos ha echado la hora encima decidimos parar a comer en un restaurante de carretera. Tomaremos un menú clásico por 5 soles cada uno.
Seguimos la ruta y la lluvia hace acto de presencia. Decidimos detenernos para equiparnos para la ocasión ya que no parece que la lluvia nos vaya a dar respiro.
Aunque a 80 kilómetros de nuestro destino final la lluvia se detiene decidimos seguir tal y como vamos vestidos pese al calor que estamos pasando hasta llegar a Máncora. Allí nos dirigimos al "Hostel Psygon Surf", el cual hemos reservado mediante una plataforma de internet. La habitación de 8 personas con baño compartido y desayuno incluido nos cuesta 15 euros. 
Hemos llegado muy sudados y el olor a hombre que desprendo me desagrada en exceso. Romà se da una ducha pero en mis planes está acercarme a la playa que la tenemos a dos pasos y darme un chapuzón antes del baño. Así lo hago. 
Romà me acompaña. El mar está revuelto ya que es una buena zona para surfear. Me meto en el agua que está a una temperatura muy agradable. 
Después de analizar el estado del mar Romà decide ir al Hostel para alquilar una tabla de surf, una hora 10 soles. Mientras él intenta pillar alguna ola yo me voy a correr un poco por la orilla, hace tiempo que no echo una carrerita y mi cuerpo me lo pide.
Ha pasado la hora del alquiler, devolvemos la tabla y retornamos a nuestro alojamiento. Ahora sí que me voy a dar la tan esperada y necesaria ducha.
Se ha hecho la hora de cenar. En el mismo Hostel hay restaurante y cenamos una hamburguesa cada uno que nos cuesta 10 soles por barba, la acompañamos con cerveza bien fría.
En el Hostel hoy hay fiesta, pero no estamos mucho por la labor. Ando algo apático, quizá porque empiezo a oler el final del viaje o porque llevamos varios días haciendo un buen puñado de horas encima de la moto con la única intención de sumar kilómetros e ir aproximándonos al destino definitivo, Cartagena de Indias, en Colombia. Así que me meto a la habitación dónde le dedico unos momentos al blog, de mientras Romà charla con un par de huéspedes españoles que están alojados en nuestra misma habitación.
Me acuesto, se que será difícil dormir, la música está a un volumen bastante elevado que dificultará mi objetivo. Mañana os cuento...

Mapa de ruta:




viernes, 3 de marzo de 2017

02/03/2017 CHIMBOTE - CHICLAYO (347 km.)
PLAYA PIMENTEL

La habitación donde hemos dormido da a la carretera principal por donde no dejan de circular coches, pero eso no es lo peor, en Perú los conductores no dejan de tocar el claxon para avisar de cualquier cosa, nosotros aún no hemos descifrado el motivo de su uso. Por ese motivo a las 07h ya estábamos despiertos. Hoy hemos decidido salir ya equipados y parar en algún puestecito que viésemos por el camino. Así a los pocos metros de ponernos en marcha, en una esquina una joven está vendiendo pancitos. Desayunamos tres bocadillitos cada uno con un jugo de papaya por 8 soles. 
Poco hay que comentar de la ruta de hoy. Las temperaturas siguen siendo muy elevadas y el sol cae fuerte sobre nosotros. El desierto nos sigue acompañando durante nuestro viaje y el mar se deja ver de vez en cuando como si le diese vergüenza mostrarse.
Hoy me siento especialmente incómodo sobre la moto, no dejo de moverme, me da la sensación de estar sentado sobre una piedra.
La carretera está en buen estado aunque el tráfico se relentiza cuando llegamos a una población o cuando sin mucho sentido en medio de la autopista encontramos varios badenes que te hacen frenar casi por completo la marcha, eso cuando los ves, porque digamos que las señalizaciones, en muchas ocasiones, brillan por su ausencia.
Después de más de 5 horas llegamos a Chiclayo. Vamos directos al "Hostal Villa Santa", el cual hemos reservado esta mañana antes de salir. La habitación doble con baño privado, aparcamiento y desayuno nos sale en soles al equivalente a 20€, un precio un poco más elevado de lo que últimamente estamos pagando pero las cualidades del Hostal lo merecen. Por una noche quiero dormir en una cama decente.
Hemos llegado casi a la hora de comer y sin demorarnos mucho salimos a un restaurante que está al lado mismo del alojamiento. Un menú de almuerzo que contiene ensaladilla rusa de primero y de segundo un plato a elegir (pedimos lomo saltado en este caso para variar un poco). De bebida yo tomo un par de vasos de "chicha morada" y Romà una coca cola. Nos cuesta 14 soles.
No se que me ocurre pero me siento muy cansado y con sueño, quizá la "ayahuasca" me ha dejado bajo de energías, así que como no es muy tarde volvemos al Hostal a descansar un rato.
A las 16h decidimos bajar a la costera población de "Pimentel", la cual se encuentra a poco más de 10 kilómetros de distancia. Hemos leído que es una buena zona para surfear y Romà está emocionado con la idea. 
Justo antes de salir Romà recibe noticias de la compañía para el envío de la moto, tendremos que llamarles por teléfono ya que hay que rellenar una documentación que nos enviaron y no queda claro que hay que poner en cada campo. 
Nos subimos a la moto e iniciamos la ruta hacia Pimentel. Hacemos varias paradas en busca de teléfonos públicos donde poder llamar a la empresa que es de Colombia, pero por alguna extraña razón no logramos comunicar con ellos. Hasta que finalmente y ya en Pimentel encontramos un locutorio desde donde Romà logra hablar con ellos y rellenar el dichoso documento. Ahora solo falta enviárselo y esperar a que todo esté bien. Luego nos darán las siguientes directrices para poder efectuar el envío.
Entre una cosa y otra se ha hecho algo tarde, son casi las 18h y queda poco para que oscurezca. Romà empieza a buscar donde poder alquilar una tabla de surf y tras preguntar a un hombre que va totalmente equipado para la tarea y recibir sus indicaciones, nos dirigimos hacia una casa que está delante de la playa. Una vez localizada Romà pica a la puerta, pero nadie contesta. Romà ha tenido que olvidarse de su deseo y decidimos dar un paseo por la orilla de la extensa playa, donde largas olas hacen subir y bajar la marea repetidamente. Nos mojamos más de lo deseado y yo me llevo un fuerte golpe en un pié con una madera de grandes dimensiones que el mar expulsa hacia el exterior como si le estorbase. Menos mal que no ha sido nada grave, apenas algunas rascadas y una pequeña contusión a la altura del tobillo.
En la orilla de la playa se encuentran los "caballitos de totora", un tipo de embarcación construido desde 1.000 a 3.000 años a. C. El material que se usa para su construcción son las hojas y los tallos de la planta de totora. Está diseñado para transportar a un navegante con sus aparejos, durante las faenas de pesca marina, aunque en algunas playas del litoral peruano, estas embarcaciones se utilizan también deportivamente para correr olas de forma parecida al Surf. 
Sobre algunas de ellas se exponen pescados recién obtenidos del mar para su venta. Una buena donde poder comprar con toda seguridad pescado fresco.
Queda poco rato de luz y el atardecer empieza a engalanar el horizonte. 

Antes de que se nos haga de noche volvemos al Hostel. Una vez aquí nos aseamos y salimos a cenar. El bar donde hemos comido está cerrado pero un poco más adelante encontramos otro similar. Los dos pedimos lo mismo, un plato de arroz "chaufa" con pollo, huevo frito y plátano frito. Romà vuelve a tomar coca cola, yo un batido de papaya (es de las cosas que más me gustan gastronómicamente hablando). Nos cuesta 20 soles la contundente cena.
Ya estamos de vuelta en el Hostel, yo dedico un rato a escribir el blog, Romà sigue liado con los documentos del envío de la moto. 
Presiento que no voy a durar mucho rato despierto, los ojos se me cierran... ¿será la "ayahuasca"?

Mapa de ruta:






jueves, 2 de marzo de 2017

01/03/2017 LIMA - CHIMBOTE (420,5 km.)
PRIMERA CAIDA SERIA

Aunque tengo sueño el ruido de algunas personas que abandonan el alojamiento nos despierta a las 07h. Pese a ello somos capaces de alargar nuestro letargo una hora más.
Salimos a desayunar al mismo sitio al que fuimos cuando nos quedamos en Lima antes de nuestra aventura en la selva. Unos pancitos y un batido de papaya para cada uno que suma la cantidad de 12 soles nos deja satisfechos. 
Volvemos a situar todo en su respectivo lugar encima de la moto y nos despedimos de Fernando y su mujer agradeciéndoles toda su ayuda. Cancelamos la deuda de esa noche y del estacionamiento de la moto durante los 5 días que hemos estado en el Amazonas a razón de 10 soles diarios. Antes de salir Fernando se toma alguna foto montado en la moto como si de una atracción turística se tratara.
Salir de Lima nos cuesta lo suyo, hace un calor sofocante y el caótico tráfico y esa forma de conducir sin respetar ningún carril, haciendo sonar el claxon reiteradamente sin poder identificar el motivo por el que lo hacen consigue que en algún breve momento perdamos los nervios recuperándolos casi al instante.
Tardamos más de una hora en abandonar la ciudad. Agarramos la Panamericana Norte e instantáneamente un basto desierto se descubre delante nuestro. Ya no nos abandonará durante todo el recorrido, dunas gigantescas parecen teñidas por diferentes tonalidades de color marrón. En cuanto llegamos a la costa el mar se abre a nuestra izquierda, varios escenarios me recuerdan a los paisajes que regala el Cabo de Gata en España. 
Sin darnos cuenta se nos han hecho las 14h y en el primer restaurant que vemos a pié de carretera paramos a comer. Un menú compuesto por sopa y pollo a la leña que acompañamos con un jugo de maracuyá nos cuesta 7 soles por cabeza. Cuando estamos terminando un joven alemán entra a saludarnos. Él está viajando solo en una antigua KTM que le compró a un americano en Costa Rica. Ha parado al ver nuestra moto con patente Europea, dice que echa a faltar a gente de su continente.
Tras hablar unos minutos cada uno seguimos nuestro camino en sentido opuesto. 
Seguimos circulando con el mismo escenario a nuestro alrededor. La carretera está en muy buen estado y nada hace presagiar que nos íbamos a topar con un reguero de aceite en medio de la vía. Sin tiempo de reacción la moto patina de detrás, demasiado tarde para corregir la maniobra. Caemos al suelo junto a la moto de izquierdas, el aceite facilita nuestro deslizamiento por la vía y la moto hace un giro de 360 grados sobre el suelo arrastrándonos con ella hasta que acabamos frenados en el carril d sentido opuesto. Nos encontramos bien, ni la ropa parece estar dañada. Nos miramos; sabemos que nos encontramos en perfecto estado y rápidamente levantamos la moto para evitar un mal mayor. Nos apartamos al arcén y comprobamos que la moto apenas tiene un par de pequeños arañazos, la peor parte se la ha llevado la maleta lateral izquierda que está toda descuadrada y llena de rascadas. 
Con el susto en el cuerpo volvemos a la carretera. El rastro de aceite se extiende durante varios kilómetros obligando a que la conducción se tenga que adecuar al estado de la vía. Romà conduce mucho más prudente a partir de ese momento.
Tras poner gasolina y recorrer unos 40km llegamos a nuestro destino, la ciudad de Chimbote. Al principio del pueblo preguntamos en un Hospedaje que no le quedan habitaciones. Más adelante encontramos el Hotel "Sauna del Sol". Puede parecer otra cosa, pero es que resulta que en el mismo alojamiento hay unos baños termales, de ahí su nombre. La habitación doble sin desayuno nos sale por 40 soles y tienen aparcamiento gratis para la moto.
Después de una agradable ducha salimos a cenar. Al lado del Hotel hay un restaurante de pescado, la comida más ofertada en la zona ya que Chimbote es una ciudad con puerto pesquero.
Tomamos un plato de ceviche y uno de un guiso de patatas con marisco. Lo acompañamos con un rico jugo de maracuyá. Desembolso total: 30 soles.
Aunque la idea era ir a pasear por el puerto, nos olvidamos rápidamente de ello ya que el centro nos queda lejos y tendríamos que ir en taxi, a más me siento muy cansado, hoy han sido 7h sobre la moto y prefiero volver al Hotel para recostarme y escribir el blog antes de que se me cierren los ojos...

Mapa de ruta:

miércoles, 1 de marzo de 2017

28/02/2017 AMAZONAS; IQUITOS - LIMA
ADIÓS QUERIDO AMAZONAS, TE ECHARÉ DE MENOS

Ha sido la última noche que vamos a pasar en la selva. Hemos dormido bien y nuevamente son los rayos de sol los que nos guían en nuestro despertar.
Hoy tenemos el vuelo de vuelta a Lima a las 18:20h y Jorge nos ha preparado como despedida un recorrido donde nos mostrará varias plantas medicinales y la famosa enredadera de ayahuasca. Tenemos medio día para ver todo ya que hay un largo recorrido que hacer por río para llegar a Iquitos, la ciudad donde llegamos y desde la que partiremos en avión hacia Lima.
Después de tomar el desayuno y habiendo dejado las maletas listas para nuestra partida iniciamos el último paseo de nuestra aventura.
Jorge a la cabeza nos va mostrando las diferentes plantas que utilizó para prepararme ayer los baños con los que me lavó.
También nos muestra los ingredientes que se utilizan para preparar el brebaje de la ayahuasca: entre los que se encuentran como principales la propia raíz y la "chacruna" que también posee efectos alucinógenos. 
AYAHUASCA
CHACRUNA
Nos muestra otro arbusto que recibe el nombre de "toé", la cual posee un poder alucinógeno mucho más potente que la misma ayahuasca.
Imagen relacionada
TOÉ
El paseo se prevé tranquilo, nos sentimos seguros al ir acompañados de Jorge. Caminamos por senderos rodeados de una frondosa vegetación, Jorge va delante, Romà en medio y yo detrás. De repente observo como algo salta delante de Jorge, me parece que es una rana, pero detrás de ella algo mucho más grande está persiguiéndola. Se trata de una serpiente que está dando saltos para alcanzarla. Los dos animales desaparecen entre la vegetación. Romà se gira con cara de pánico (nunca olvidaré esa cara) y Jorge abre sus brazos empuñando el machete de grandes dimensiones en su mano derecha tratando de ponernos a salvo. Romà empieza a correr hacia mí y yo le sigo. Estamos muy asustados y pese a que la carrera no ha sido más de 5 metros creemos habernos librado del peligro inminente. Jorge se echa a reír y nos explica que esa serpiente era venenosa, que eso es lo que tiene la selva. También nos explica que hay serpientes que son capaces de saltar impulsando su cuerpo contra el suelo. Al final todos nos echamos unas risas, no sin habernos quitado el susto del todo.
Volvemos al campamento, es hora de despedirnos del que ha sido nuestro hogar los últimos 5 días. Cogemos nuestras mochilas y bajamos a la orilla del río para montar en la barca de Jorge.
El primer trayecto que cubrimos es hasta Tamsihyaco, el poblado principal de la zona. Desde allí tendremos que tomar a las 13h el barco-taxi que nos llevará hasta Iquitos.
Damos un paseo por el poblado, caminando calles de tierra y observando a banda y banda pequeñas casas, gobernadas por un paseo central con una bonita plazoleta. Jorge nos explica que allí se tiene que encontrar con su mujer y su hija Ana y su hijo Tody, pero antes vamos a ir a comer a un puestecito en la zona del mercado donde se come muy bien. 
Tomamos una especie de plato combinado compuesto por un caldo y pollo con arroz. Pese a que podemos elegir entre varias opciones nos quedamos con nuestro clásico. Jorge paga el almuerzo.
Al salir nos dirigimos hacia el puerto y Jorge se encuentra con sus seres queridos. Tenemos unos minutos hasta que parta nuestro barco. Nos tomamos un rato para observar el río desde un banco que se asoma a su inmensidad y empezamos las despedidas. Es extraño, como si un vínculo se hubiese generado entre nosotros, algo más allá de la amistad, es como si una parte de nosotros se quedase allí. Es una triste despedida, pero no sé por qué motivo tengo la sensación que volveré alguna vez. Nos abrazamos fuertemente y nos deseamos lo mejor. Jorge me asegura que me escribirá  para saber de nosotros. Lo cierto es que no me cabe la menor duda de ello.
Con una fuerte sensación de pena nos montamos en el barco que previamente ha dejado pagado Jorge. Ya partimos y nos despedimos desde el barco haciendo un gesto con la mano hasta que los perdemos de vista. 
Sé que los voy a echar de menos. Estos días allí han sido unos de los días más increíbles de mi vida. He aprendido tanto, he recibido tantas lecciones... Me he dado cuenta de lo feliz que se puede ser con tan poco, de lo poco que apreciamos todo lo que tenemos, del mundo consumista y con falta de valores en el que vivimos al que llamamos “desarrollo”, a que aún existen personas desinteresadas, al valor de la familia y la amistad que es lo que realmente importa y tantas y tantas vivencias que jamás olvidaré. Por eso solo me queda darle las gracias a Jorge y a su familia, porque más allá de que sea parte de su “modus vivendi” el acoger a turistas para hacerles de guía, durante estos días ellos han sido mi familia, porque me han dado la oportunidad de vivir cosas increíbles, porque me han hecho conectar con mi esencia, porque me han hecho recapacitar sobre mi escala de valores, porque han cambiado una parte de mí para hacerme mejor persona… por eso, una y mil veces ¡¡GRACIAS!!
Con alguna lágrima que otra en los ojos partimos. Miro los paisajes, respiro el aire que choca con el agua del río, pienso en que no sé cuándo volveré a vivir algo así. Recapacito y recuerdo tantas cosas que hemos vivido y no puedo por más que estarle agradecido a la vida por darme esta oportunidad. 
En hora y media aproximadamente llegamos al puerto de Iquitos. Observamos a gente descargar embarcaciones llevando sobres sus hombros unos enormes sacos, posiblemente de carbón. Nos bajamos de la embarcación y subimos las escaleras de madera que nos llevan a la superficie de la ciudad. Allí está la parada de moto-taxis (“tuc-tuc”). Hemos de negociar el precio para que nos lleven al aeropuerto, será el segundo conductor con el que cerramos el trato por un importe de 12 soles.
El trayecto de algo más de media hora se hace entretenido. Como ya comentamos, la ciudad de Iquitos es la capital de la región. La gran mayoría de vehículos son los “tuc-tuc” que se cuentan a miles y circular por la ciudad no te deja indiferente. 
Llegamos a la pequeña terminal del aeropuerto. No tenemos nada que embarcar y tan solo nos queda esperar a que abran la puerta de embarque.
El avión, puntual, despega a las 18:20h y desde unos cientos de metros sobre el suelo una nueva imagen se muestra para grabarse en mi retina. El río Amazonas, expresándose como si fuese una serpiente parece querer despedirse de nosotros. Adiós querido Amazonas, nunca te olvidaré…
En poco más de 2 horas y con una escala en la ciudad de Tarapoto llegamos a Lima. Toca volver a negociar con un taxista para que nos lleve a nuestro alojamiento. Decidimos salir caminando del aeropuerto ya que seguro que los precios se reducen a la mitad en el exterior. Y efectivamente, hemos dado en el clavo. Por unos 15 soles una especie de conductor de alquiler hace el trayecto.
Fernando (el propietario del Hospedaje “El Arca”) nos espera con los brazos abiertos. Hablamos un largo rato sobre nuestra experiencia y todo lo que hemos vivido. Nos echamos unas buenas risas juntos.
Nos subimos a la habitación, queremos darnos una ducha antes de salir a cenar. 
Ya aseados decidimos acercarnos al mismo puestecito callejero en el que comimos la primera noche que estuvimos en Lima. Nos reencontramos de nuevo con el joven Bryan, que sonríe al vernos de vuelta. Mientras comemos varias patatas rellenas con un rico jugo que lo acompaña le explicamos varias de nuestras aventuras por el Amazonas. La cena vuelve a salirnos casi regalada. Nos despedimos del joven Bryan y volvemos paseando hacia el Hospedaje, casi dando nuestro último adiós a la capital de Perú.
Ha sido un día largo y tenemos ganas de acostarnos. No obstante, antes de hacerlo nos ponemos a lavar varias prendas de ropa, nos queda poca limpia y como el equipaje es ligero la situación lo requiere.
Mañana nos reencontramos con la carretera después de un parón de 6 días, habrá que estar descansados…