26/02/2017 AMAZONAS
FABRICANDO UTENSILIOS DE MADERA Y LISTO PARA LA CEREMONIA DE LA AYAHUASCA
Son la 06h y para no variar ya estamos despiertos. Como cada mañana tomamos el desayuno pero tenemos algo pendiente, una conversación de Romà con Jorge le recuerda que hoy habíamos quedado en ir a buscar gusanos vivos. Los "suri" son unos gusano que nacen en los troncos podridos que hay por la selva y son considerados como un manjar por los aborígenes de la zona. Casualmente, justo detrás de la casa del campamento hay la base de un tronco que parece haber sido puesto allí idóneamente. Jorge nos da una hacha y nos dice que empecemos a talar. Romà toma la iniciativa pero aquello no parece querer abrirse con facilidad. Tomo el relevo y golpeo con todas mis fuerzas.
Jorge también ayuda a las tareas mucho más acostumbrado que nosotros y en pocos golpes consigue que el tronco empieze a resentirse de nuestros acometidos hasta que los pedazos empiezan a volar por los aires. Jorge se pone a desmigar el tronco con sus manos y unos pequeños gusanos de color blanco parecen asomarse. Miden un par de centímetros y según nos dice son pequeños. Logra recolectar 6 o 7 de ellos, suficiente para hacer una “exquisita degustación”. Romà me comenta que se lo va a comer crudo. Yo pese al asco que me produce la idea le prometo que si lo hace yo no me quedaré atrás. Sin pensarlo mucho toma uno en la palma de su mano y se lo mete en la boca. Me quedo sorprendido ya que para lo delicado que es en lo que se refiere a según que tipo de comidas no ha hecho ni un extraño para comerse el gusano. Lo peor es que he de cumplir mi promesa, así que sin pensármelo mucho y a la vez que Romà, que se ha decidido a repetir, nos metemos un ejemplar cada uno en la boca y empezamos a masticar. Lo primero que sientes es una explosión de líquido que impregna toda tu boca. Es comparable a cuando le dabas el primer mordisco a los ya inexistente chicles “bubaloo” que estaban rellenos de un caldito muy sabroso, pero con la evidente diferencia de que ese sabor no tiene nada que ver. La sensación viscosa es desagradable y el sabor nada del otro mundo, reproduciendo sensaciones herbáceas a nuestro paladar. Seguimos masticando el cuerpo del animal que se mezcla con su líquido, cruje entre nuestros dientes hasta que se forma una pequeña bola que ingerimos.
Por nuestra parte ya hemos tenido suficiente y optamos por comernos los que quedan fritos. Jorge los pone al fuego y en breves instantes nos los trae. Ahora es mucho más fácil de comer, saben a barbacoa (debe ser porque el fuego los ha tostado) y el líquido viscoso se nota mucho menos. De esta forma son mucho más agradables aunque crujen desde el primer mordisco.
Si queréis saber más acerca de estos gusanos os dejo aquí el siguiente enlace: Gusano Suri
Ha llegado el momento de partir hacia la que han denominado “cascada”. Dicen que es una caída de agua que está a algo más de una hora caminando del campamento.
Durante el recorrido Jorge nos muestra varios alimentos así como medicinas naturales de la selva.
Entre ellas nos enseña un árbol que si lo cortas sale de él una sálvia de color blanco la cual usan para cortar las diarreas. Nos la da a probar, su sabor es dulce y agradable.
Del mismo árbol nos muestra su resina a la que le daban el uso de goma de mascar, es decir, la usaban como si fuese un chicle. Nos explica que hace unos años cuando los jóvenes no tenían fácil acceso a poder comprar chicles (más que nada porque aquello es un lugar recóndito del mundo), usaban esa sustancia en su lugar y en las fiestas jugaban con las chicas a pasárselo. Éste Jorge no deja de sorprendernos. También lo probamos y es cierto que la textura es muy similar a la de un chicle, lo que ocurre es que no tiene ningún tipo de sabor, parece como si te hubieses metido una cera en la boca. Entre ellas nos enseña un árbol que si lo cortas sale de él una sálvia de color blanco la cual usan para cortar las diarreas. Nos la da a probar, su sabor es dulce y agradable.
Seguimos caminando y Jorge observa en el suelo un agujero. Nos dice que es un nido de tarántula y nos pregunta si la queremos ver. Le decimos que sí aunque estamos algo temerosos. Jorge mete un palo en el agujero pero parece que con eso no va a tener suficiente y mete su mano dentro. Romà y yo nos miramos con cara de incredulidad. No sabemos si ha sido suerte o no, pero Jorge nos informa que el nido está vacío. Ahora respiramos más tranquilos.
Aún tenemos tiempo para ver en las copas de los árboles varias especies de monos que con sus gritos parecen dar aviso de nuestro paso por su territorio.
Antes de llegar Jorge nos da a probar un fruto del bosque. De gran similitud con un melón amarillo lo parte y observamos su interior. Está dividido a gajos y nos insta a probarlo. Tomamos un trozo cada uno y nos lo metemos en la boca. Tiene un sabor agradable y bastante refrescante, difícil de determinar.
Ya llevamos 2 horas caminando y empezamos a escuchar una leve corriente de agua. El sudor y los mosquitos han sido nuestros peores compañeros de trayecto. En cuanto llegamos a un diminuto salto de agua nos dicen con satisfacción “Ya hemos llegado!!”, a lo que Romà y yo nos quedamos boquiabiertos al ver que un pequeño salto de agua con apenas media metro de caída y una amplitud de 3 metros es a lo que ellos han llamado con gran entusiasmo "cascada". Un poco decepcionados por las expectativas que nos habíamos creado le sonrío a Romà con complicidad, no era lo que esperábamos, pero el paseo ha valido la pena.
La excusa para hacer ese largo paseo, a parte de ver la caída de agua era que allí nos iban a enseñar a fabricar cubiertos para comer con madera roja. Cruzamos la cascada por encima de unas piedras que hacen su función de puente y Jorge se mete entre la maleza y empieza a dar golpes de machete a un tronco que está partido. Nos trae varios trozos de una madera rojiza muy pesada. Antes de comenzar con las manualidades, nos explica que debemos afilar los machetes tomando arena y poniéndola sobre su filo frotaremos una y otra vez contra una gran piedra. Ya es hora de comenzar con las labores! Los dos nativos con gran habilidad empiezan a darle forma a esas piezas de madera mientras que nosotros lo intentamos. Romà de la nada extrae algo que parece tomar forma pero tal cual la alcanza la vuelve a perder al darle unos nuevos corte. Yo no llego ni a eso!
Jorgito ha terminado su cuchara de mango largo, incluso la ha personalizado y nos la regala como símbolo de su amistad. Romà me dice que quiere que me la quede yo ya que sabe que me hace mucha ilusión. Pero Jorge ha ido más allá, ha hecho dos juegos de tenedor y cuchara, uno para cada uno. La verdad es que es una obra de arte y aceptamos nuestro nuevo regalo con gran gratitud y admiración al ver lo difícil que nos ha resultado a nosotros.
Por último Jorge nos enseña a hacer platos con un par de hojas de una especie de palmera que hay en la selva. El trabajo nos resulta más sencillo ya que se asimila a tejer, entrelazando las tiras que conforman dichas hojas y dando como resultado un entramado bastante resistente que podría hacer su servicio.
Al final se nos ha hecho un poco tarde, Jorge se guía por el sol, así que decide volver por otro camino mucho más rápido. En una hora estamos de vuelta en el campamento.
Como hemos llegado empapados en sudor queremos tomar una ducha. Jorge nos explica que un poco más abajo del campamento hay una diminuta pozita de agua donde ellos van a ducharse. Sin pensarlo mucho tomamos nuestros jabones y nos lanzamos hacia allá. Bajamos por una pequeña rampa y en menos de 2 minutos aparecemos en lo que parece ser una diminuta canalización de agua que desemboca en una poza que debe tener menos de un metro de diámetro y una profundidad de 20 centímetros. Empezamos a despelotarnos y a lavar nuestras ropas. El agua está fría y las risas se suceden sin parar. Un nuevo halo de complicidad se respira entre nosotros.
Ya bien aseados y de vuelta al campamento nos esperan en la mesa el banquete que hoy ha preparado Yoris. Un buen plato de arroz con patatas y huevo deberá recargar nuestras energías.
Y os preguntaréis… ¿Qué decisión debí tomar a lo que se refiere a participar en una sesión de “ayahuasca”? Pues bien, la respuesta es que me decidí a hacerla. Pensé que pocas ocasiones más tendría en mi vida de repetir esa experiencia, por el lugar donde me encontraba y con las personas que lo iba a compartir. A más, pese a que no creo en lo sobrenatural, estaba buscando algún tipo de respuesta a una situación complicada por la que estaba atravesando. ¿Qué mal me podía hacer? Y como soy de pensar que en la vida prefiero arrepentirme de aquello que llevo a cabo y no de aquello que he dejado por hacer, pues me decidí a probarlo.
Romà tomó la determinación de no hacerlo, motivos personales le llevaron a ello. Yo lo único que le pedí es que estuviese en todo momento despierto y conmigo, porque pese a haber tomado la decisión estaba algo asustado. Había leído acerca de estas sesiones, visto varios documentales, hablado con personas que lo habían probado y mantenido largas conversaciones con Jorge y aunque aquello no parecía muy favorable a vivir una maravillosa experiencia (si veis algún documental lo entenderéis) decidí lanzarme.
Le manifesté a Jorge mi decisión. Me dijo que hablaría con Eduardo (el chamán del poblado (para ver si podía hacerse cargo de la ceremonia y que el precio era el equivalente a 30 euros, muy asequible comparado a los 100 euros que te pueden llegar a cobrar los falsos chamanes.
La confirmación se la di a Jorge durante el día de ayer. Me dijo que el día elegido para realizar la sesión sería hoy por la tarde/noche, alrededor de las 19h. Me comentó los chamanes dan varias indicaciones que el paciente debe llevar a cabo los días previos a la ceremonia, pero que como nosotros llevábamos días con él con 24 horas que le dedicase sería suficiente. Indicaciones como prohibido comer cerdo, beber alcohol, tener sexo y vivir el gran día de forma relajada para tratar de preparar el cuerpo y el alma para la ceremonia, son las más habituales. Y así como lo vivimos nosotros, pese a haber hecho un largo paseo todo fue bastante relajado.
Por la tarde yo me quedo en el campamento con Jorge, sin realizar ningún tipo de esfuerzo ni de actividad que pueda perturbarme y charlando con él acerca de lo que envuelve a la ceremonia. Me asegura que no tengo nada que temer, que al principio afrontas tus miedos pero que luego vienen las visiones y que una sensación poderosa de bienestar se adueña de ti. Me dice que la ayahuasca es poderosa y que puede curar enfermedades tanto físicas como psíquicas, que las visiones pueden darte respuestas, pero que has de estar predispuesto, agradeciendo a la pachamama por todo lo que nos entrega y lo que nos ayuda. Lo cierto es que estoy un poco acojonado…
Romà por su parte, a sabiendas que el tema no le incumbe a él, me dice que quiere chocolate y decide bajar al poblado a compara algunas chocolatinas y varias porquerías más. Poco antes de las 19h está de vuelta.
Mis nervios son evidentes, el momento se acerca! Ya son las 19h y allí no aparece nadie. Entiendo que en la selva la gente no vive pegada a un reloj y la puntualidad puede ser algo que desconocen. Los minutos van pasando y ya son las 20h. Mis nervios son más notables y le empiezo a preguntar a Jorge que está ocurriendo a lo que me contesta que esperemos un poco más pero que no es normal. A los 15 minutos Jorge decide ir al poblado a buscar a Ricardo (el chamán).
No tarda mucho en volver y me explica que desgraciadamente Ricardo está indispuesto pero que se hará cargo de la ceremonia Rosa, la aprendiz de chamana que vive cerca del campamento. Me comenta que esta mujer lleva muchos años ejerciendo y que le queda muy poco para que la nombren chamana, así mismo me dice que el hijo de ella de 15 años también está aprendiendo para chamán y que no tengo nada que temer ya que tanto Ricardo como ella son dos personas en las que él confía plenamente.
Mientras esperamos, Jorge nos cuenta que Ricardo hizo la elaboración de la pócima. Nos explica que en unas ollas de grandes dimensiones las llena de la raíz de la ayahuasca, le añade hojas de café puro y unas pocas hojas de “chacruna”, una planta también con poder alucinógeno. Todo ello lo ponen a hervir durante 24 horas hasta que reduce muchísimo hasta dejar una cantidad de poco más de una botella de medio litro. Eso hace que ese caldo sea muy espeso y con un fuerte sabor amargo y un poco desagradable. Si queréis ver de lo que os hablo mirar el minuto 27' 30'' del siguiente vídeo: Ayahuasca
Son cerca de las 21h y Jorge me anuncia que María está llegando, viene acompañada de sus dos hijos, el aprendiz de chamán y de otro que apenas llegará a los 10.
Lo que va a suceder a continuación bien se merece una entrada exclusiva, así que estar preparados ya que en breve saldrá publicada…




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